Se cumplen 20 años de la muerte de Carlos Montes bajo el misterio de Las Aguas.

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Aquel  29 de marzo de 1999 paso a los anales de la historia de nuestra semana santa , y quedó grabado en la historia de nuestras cofradías, aquel fatídio día nos dejaba un costalero de la hermandad de Las  Aguas. Sin embargo, no solo eso ocurrió aquel Lunes Santo.

Ese fatídico Lunes Santo en el cual no solo sufrió nuestra cofradía, ya que cuando cruzábamos por calle Tetuán los sanitarios transaldaban  a José María  Carneado de la Fuente mayordomo del cachorro y que después de tener un infarto no pudo superarlo y desgraciadamente falleció al día siguiente. Entorno a donde nos encontrábamos de la calle Tetuán se sucedió a este acontecimiento un escape de gas que nos haría a Las Aguas, Veracruz de San Vicente y Las Penas entrar en la campana y bastante recorrido de Sierpes sin cirios.

 

Durante el transitar de Santa Marta por la campana un levantamiento de abonados se levantaba contra el presidente del consejo de cofradías a consecuencia del asunto de las sillas .Pocos minutos después a la altura de Sierpes ,Nuestro Padre Jesús en su Soberano Poder ante Caifás sufrió un pequeño percance ya que en una levantá una de sus manos se desprendió quedando colgada de la otra mano y la soga que lo ataba , tras entrar en la campana se le repuso y puedo continua su camino de regreso hasta Triana. Todo parecía tranquilizarse y que todos disfrutariamos del caminar de los costaleros de ese bello lunes santo y del procesionar de los cortejos de regreso a sus templos.

Pero desgraciadamente nos equivocamos , un suceso que marcó un lunes lleno de tristeza y pesar para los costaleros de Las Aguas estaba apunto de sucederse. La cuarta trabajadera de nuestro paso de cristo lo ocupaba un sevillano de 36 años , profesional de la hostelería en el bar de la facultad de ingenieros de La caruja , llamado Juan Carlos Montes Ruiz. Hombre discreto y callado, participaba en los actos y cultos de nuestra Hermanad. De esos devotos que en silencio y con discreción mantienen el fervor por nuestros Titulares.

 

Este hombre, junto con sus compañeros, iban a ser los encargados de pasar el Postigo del Aceite y recoger a nuestro Cristo de las Aguas y a Nuestra Madre y Señora del Mayor Dolor en nuestra pequeña Capilla. Después de reponer fuerzas con un bocadillo, mientras la Cofradía salía de la Catedral y el cortejo se adentraba en el Arenal por la Casa de la Moneda, la cuadrilla de costaleros de refresco se disponía a esperar el paso en la calle Almirantazgo muy poco antes de la Capillita de la Pura y Limpia (en aquellos años realizábamos el recorrido Plaza del Triunfo, Santo Tomas, Adolfo Rodríguez Jurado, Tomás de Ibarra, Almirantazgo y Postigo del Aceite). Los sones de la Banda de Nuestra Señora del Sol, que ese año se estrenaba detrás de nuestros Titulares, inundaban la noche de un aire romántico en el añejo barrio arrabalero. Con los ánimos y el vigor propio de saberse en el último relevo, los hombres se metieron debajo del paso y se ajustaron al palo para pasar por uno de los puntos más complicados del recorrido. La Cruz se bajó para salvar la dificultad. La maniobra se inicia. Y justo cuando los cuerpos se aliviaban, después de que el capataz Curro Calderón (segundo, en aquellos años, de la cuadrilla de Salvador Perales), hubiese mandado echarlo a tierra para salvar la bóveda de medio punto irregular, el cuerpo de nuestro hermano se desvanecía y caía al suelo.

 

Todo lo que después se sucedió fue devastador , los costaleros pararon el paso y alertaron de lo sucedido, sacaron a Juan Carlos por el costero derecho y lo colocaron en el suelo haciéndose hueco entre la multiud que rodeaba el paso en la mítica Caletería del Postigo. De entre esa gran multitud salieron las primeras maniobras de reanimación , los costaleros desde la zambrana y con los faldones levantados  todos buscaban el mismo deseo pero a medida que pasaban los minutos este se desvanecía.

Llegaron los profesionales del 061 que se hicieron hueco entre la muchedumbre que respetuosa facilitaba los espacios necesarios. Uno de los doctores dictaminó la evacuación y así se hizo hasta el Hospital Virgen del Rocío. Todos sabíamos, por la cantidad de tiempo que había pasado, que las posibilidades de éxito eran muy pocas. La noticia recorrió la noche sevillana, la radio daba muy pocos datos y la prensa cerraba ediciones de manera retrasada para conseguir informar de más detalles. Incluso las hermandades que aún estaban por entrar dedicaron diferentes homenajes a la recuperación de Juan Carlos.

 

Nuestros nazarenos cansados y desolados por las noticias que recibían por parte de los medios , público y diputados intentaban asumir la noticia y mantener la compostura en lo que quedaba de estación de penitencia, pero entre sollozos todos nos reunimos  en el interior de la capilla al cerrar las puertas de la Capilla y entre lágrimas y rezos nos abrazábamos para consolarnos . Aunque la noticia no se confirmó hasta la mañana siguiente todos asimilábamos lo ocurrido , la noticia corrió como la pólvora por toda Sevilla .

Al día siguiente Miércoles Santo por la mañana se realizó una misa en la Capilla del Señor de San Jorge de la Santa Caridad presidida por el entonces arzobispo Monseñor Carlos Amigo Vallejo y previamente , se hizo el reposo del féretro en la Capilla del Rosario , este lo llevaron en todo momento sus compañeros de trabajadera . En las proximidades del Arco del Postigo se descubrió un azulejo que recuerda a aquel hermano que perdió la vida mientras llevaba sobre sus hombros a nuestros Titulares.

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