INVESTIGACIÓN|| Milagros de Sevilla

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Milagro. Del latín miraculum, significa “admirarse” o “contemplar con admiración”. Se define como un hecho no explicable por las leyes naturales y atribuido a un origen divino, pero, ¿qué implica?. Un milagro no es sólo una intervención divina, si no que conlleva la gracia y fortuna de aquel o aquellos que lo reciben. Sevilla y su profunda historia esconden leyendas y relatos sobre ellos y que llegaron a suponer un antes y un después en la ciudad en épocas duras como fue la de la peste negra.

Hablando de aquella epidemia que asoló Europa, y sin medios como los que tenemos hoy día, la ciudad sufrió en el año 1649 la pérdida de aproximadamente la mitad de la población, es decir, unas 60 mil personas(algunos afirman que pudieron llegar a ser hasta 200 mil). Se trató además de una primavera extremadamente lluviosa que inundó la ciudad e incluso se llegaba a navegar con barcos como era el caso de la Alameda de Hércules. Los barrios pobres fueron vilmente azotados, y zonas como el Prado de San Sebastián, Baratillo o Puerta Real fueron usadas para enterrar y evitar mayor contagio.

Es ineludible entonces hablar del Santo Crucifijo de San Agustín. Sin un origen claro, se comienza a saber de su existencia en el año 1314, en una Sevilla que no conocía aún a sus primeras Hermandades. Una antigüedad patente que ha conservado durante siglos una profunda devoción y que ha dado lugar a las conocidas procesiones de rogativas. Sequías, enfermedades y otras crisis que llevaban “llamar” y pedirle por el fin de estas y que mas de una vez, según cuenta el pueblo, han sido concedidas estas peticiones.

Volvamos ahora al terrible año 1649. En la desolada Sevilla, los dos ilustrísimos Cabildos eclesiástico y secular solicitaron en tan grave situación al convento de San Agustín que su amada imagen para los hispalenses fuera llevada  a la Santa Iglesia Catedral. Así y con vistas de poner fin a la peste, el 2 de julio se celebra esta procesión con grandes clamores del pueblo y acompañado de todas las religiones. Fue recibido por el Cabildo eclesiástico a la salida la calle Placentines y al día siguiente volvió a su convento.

Ya vuelto el Señor, se produjo lo que la ciudad esperaba, y que desde luego puede catalogarse como un milagro. Comenzó pues a mejorar la situación a la que se enfrentaban los sevillanos y como narran las crónicas, al cabo de 8 días tuvo su fin esta epidemia como pudieron certificar los médicos. Así, Sevilla se sobrepuso a esta, una de las mayores por no decir la mayor crisis social y sanitaria de la historia que se llevó al insigne Martínez Montañes.

 

Otro suceso catalogable de milagroso es el que sucedió en la Iglesia de San Martín el año 1421, antes del descubrimiento de las Américas. Este acontecimiento puede ser llamado de milagro, pero también de maldición, pues aquel que cometió el delito sufrió males, mientras que los demás, en su presencia, se beneficiaban.

En el año antes citado, en plena realización de obras en la Iglesia se descubrió una caja de plomo que contenía una reliquia. Se trataba de una espina de la corona de Jesucristo, que acarreará devoción y bendiciones para el pueblo sevillano. Por ello fue guardada en una custodia de cristal para que pudiera ser observada y visitada. Para el pueblo sevillano, esta reliquia poseía poderes curativos y milagrosos, puesto que cuando era llevada a casa de los enfermos, estos encontraban alivio y consuelo a los males.

Esta milagrosa propiedad, lógica en una espina del Señor, y su fervorosa devoción generará en la creación de una Hermandad en San Martín, la Hermandad de la Coronación, que posteriormente se fusionará con la de la Santa Faz del convento del Valle en el año 1590 y que derivará en la hoy conocida Hermandad del Valle, que procesiona en la tarde-noche del Jueves Santo desde la Anunciación.

Ya en el año 1657, tuvo lugar el terrible suceso criminal. El sacerdote Agustín de Herrera iba a acudir a casa de un enfermo con la reliquia y al volver encontró cerrado al templo de la Plaza de San Martín.  Por ello, tomó la decisión de llevarlo a su casa y, ya sea premeditado o por desdicha del destino, su casa fue robada y en ella, la reliquia. El pueblo sevillano quedó conmocionado ante el suceso, puesto que no sólo le ofrecían fe si no que sus atributos sanadores y milagrosos eran esenciales.

La ciudad estuvo treinta años sin ser capaz de encontrar la espina de la corona que tanto le tenían agradecido. La suerte iba a cambiar cuando pasados esos años, una persona, bajo secreto de concesión, devolvió la reliquia afirmando que desde que la tienen, su familia y amigos estaban sufriendo desgracias y males, mientras que los demás recibían la gracia y el alivio de sus penas, pero nunca ellos.

Así, se produjo la llegada de nuevo a San Martín de la espina, con el perdón del ladrón. Ya en el año 1965 el cardenal Bueno Monreal entregaba la reliquia a la Hermandad del Valle, antes mencionada por tener origen en esta Iglesia y con la espina. Esta Santa espina se decía también que ayudaba con su  milagroso don a dar descendencia a aquellos que no lo conseguían.

Ahora debemos trasladarnos a una época mucho más reciente, al siglo XX, concretamente, el 28 de enero de 1965. Aquel año se llevaron  cabo las Misiones Generales, una de la jornadas más memorables de la historia cofrade sevillana. Organizada por el cardenal Bueno Monreal, 55 hermandades  partieron en Santa Misión a diferentes barrios para permanecer allí más de 15 días. Estancias como la de la Macarena en San Pablo, o el encuentro entre la Soledad de San Lorenzo y la Virgen de las Angustias fueron momentos destacados y memorables.

Sin embargo, se guarda una preciada historia, leyenda, sobre Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. El protagonista de esta leyenda se trata de un jugador por aquella época del Sevilla F.C. que tenía a su hijo enfermo. Se trataba de Juan Araújo, que durante 11 años militó en las filas del club de Nervión.

Con su hijo enfermo, el delantero imploró a Jesús del Gran Poder que le curase y le quitara el sufrimiento. Al morir su hijo, abandona su fe afirmando que nunca más volverá a verle, será el Gran Poder el que lo haga. Araújo tenía un taller en Nervión de reparación de vehículos, visita al barrio sevillano que hará el Señor.

Cuando ya se encontraba la Hermandad en la calle, también la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso, la lluvia sorprendió a los allí presentes. Rápidamente se buscará refugio en el templo más cercano, la  Inmaculada Concepción, que se encontraba cerrado. Así, acabaron llamando a una nave próxima que, por designios del destino, era la del que había renegado Juan Araújo.

Él mismo preguntó quién era aquel que llamaba, y tras la puerta respondió “Soy el Gran Poder”. Inmediatamente abrió la puerta y ante él se encontraba el Señor de Sevilla. Arrepentido, se arrodilló ante él y pidió perdón por abandonar la fe.

Esta leyenda tiene cierta parte de verdad, un matiz que se encargó de dar su hijo, Jesús Araújo, que no murió. Cuenta él, con 7 años acompañaba siempre a su madre. Una de ellas, el Gran Poder visitó Nervión, por lo que lo acompañaron desde la puerta de Carmona. A la altura de San Juan de Dios comenzó a llover y como el Cristo no cabía por la cruz, ofrecieron su taller, donde tampoco pudo entrar pero si lo hizo la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso, volviendo ya la Hermandad a la mañana siguiente.

La devoción y la fe que muestra el pueblo sevillano a Jesús del Gran Poder es infinita, y aunque se trate de una leyenda no falta parte de verdad de lo descrito por Antonio Delgado-Roig que no es más que la historia de amor entre un hispalense y el Señor, el cuál celebra este 2020 su año jubilar.

Los sucesos, leyendas y verdades de Sevilla son casi infinitos. Milagros en el pueblo de Dios que ha profesado fervor por los siglos de los siglos, y dejan escrita la historia. Sevilla, de leyenda.

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