La Semana Santa 2020, suspendida por la pandemia de coronavirus.

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La Semana Santa de 2020 ha sido suspendida por el peligro ante la pandemia de Covid-19. La trágica y devastadora noticia se ha dado a conocer después de que el Consejo de Hermandades, Ayuntamiento  y Arzobispado, siguiendo recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que avisaba evitar congregaciones masivas de gente en la calle.

A pesar de su baja mortalidad, entre un 1,5 y 3,5%, la fácil transmisión del virus, cuyas temperaturas no han podido detener, han supuesto que la población esté inmersa casi en una “cuarentena” y por ello se ha decidido no realizar la que supone la mayor fiesta de la ciudad y el máximo exponente de fe y alegría. Sólo, como grupo de riesgo, se ubican personas mayores y con otras patologías.

Comenzando en Wuhan, parecía que no se trataría de algo tan grave, sobre todo por las medidas del gigante asiático y los síntomas que hacen ver al virus como una gripe o neumonía un poco más fuerte. Las Hermandades primero decidieron reducir el contacto en besamanos, besapiés, y en Madrid cerraron guarderías, colegios, institutos y universidades tras estar cerca de los 500 casos positivos.

Lo cierto es que en la última semana, el crecimiento de infectados por por esta pandemia ha sido exponencial e incluso se prevé que en una semana se pueda llegar a los 10.000. Debido a estas circunstancias, se decidió tomar medidas como la suspensión de las clases a todos los niveles, la recomendación del teletrabajo y permanecer en casa, hasta llegar al decreto del Estado de Alarma de la nación frente a esta pandemia

Las Hermandades desde el primer momento se prepararon para esto. Quinarios, Septenarios como el de la Esperanza y su traslado a Santa Ana, besapiés, besamanos, ensayos, conciertos, mudás y retranqueos fueron suspendidos  para evitar la propagación y unirse al compromiso frente a la grave crisis sanitaria que eleva ya a 5200 los contagiados y los 133 fallecidos, y que casi suma 1000 por día en España.

A pesar de que no haya procesiones, los titulares están todo el año en sus templos, dispuestos a la oración, amor y fe que siempre es necesaria, y más en estos tiempos. Las visitas son obligatorias siempre y cuando se normalice la situación, y para ello se ha de permanecer en casa, todo para lo más pronto posible reencontrarnos con ellos.

Sevilla se somete ahora a una situación de profunda tristeza. Una semana de Esperanza, Fe y alegría que para muchos sevillanos supone una redención ante la complejidad en la que viven. Preparación que dura todo el año, y el deseo de ver a sus amadísimos titulares que se ha resquebrajado entre lágrimas por un brote cuyo origen parece ser por el consumo de Pangolín. La enfermedad y la tragedia no tienen fronteras, y ahora, le toca a la ciudad demostrar que Sevilla tampoco.Ahora comienza una nueva cuenta atrás. Quedan 380 días para un nuevo Domingo de Ramos.

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