INVESTIGACIÓN || “Nadie es profeta en su tierra”

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La ciudad de Sevilla suele cuidar muy bien de lo suyo y de los suyos, pero tal y como reza el dicho que titula este artículo, y en lo que al mundo cofrade y artístico se refiere, ha habido un genio hispalense que ha pasado de puntillas al no ser reconocido al menos como su calidad y trabajo merecían.

Don Manuel Hernández León nació un sevillano Viernes Santo del año 1938 en la calle Sol, frente a la Capilla Sacramental de San Román, lugar donde se encontraban los titulares de la Hermandad de los Gitanos. Hijo de un ebanista, comenzó a vivir la pasión por la Semana Santa desde muy pequeño gracias a su madre, la cual mostraba también grandes cualidades artísticas. Tras trabajar en el comercio mientras cursaba sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios, y hacer sus pinillos de imaginería en el taller de su padre, Don Manuel comenzó a trabajar en su propio taller.

Su obra traspasó los muros hispalenses y andaluces. Por desgracia, los tres trabajos para su ciudad acabaron siendo sustituidos: dos crucificados para la hermandad de la Trinidad y la talla de una Dolorosa para Jesús Despojado. Si quedan patentes sus labores de restauración en el apostolado de la hermandad de la Cena, y para las hermandades de la Trinidad y Servitas. Más allá de Sevilla, podemos encontrar vestigios de su gubia en su provincia, al igual que en las de Cádiz, Málaga, Albacete, Jaén, Badajoz, León…

Permítanme que me tome la licencia de detenerme en este punto, puesto que fue el protagonista de este artículo el que le puso forma y cara a la devoción cristífera de la Madre y Maestra de las hermandades de la ciudad a la que el que escribe estas palabras pertenece, mi ciudad: Linares, y mi hermandad: la Vera+Cruz. Cuando un grupo de jóvenes linarenses se propusieron la tarea de reorganizar la hermandad más antigua de la ciudad (desaparecida al igual que sus titulares durante la Guerra Civil) confiaron en Don Manuel el encargo de dar vida en la madera a la hasta entonces extinta devoción del Señor de la Humildad. El imaginero sevillano siendo consciente de la responsabilidad que asumía, supo cumplir a la perfección las expectativas de la hermandad que volvía a nacer.

Es por todo esto, que un servidor se veía en la obligación moral de escribir estas líneas. Que sirva como homenaje a la memoria de Don Manuel Hernández León, tristemente fallecido el 28 de diciembre de 2018.

 

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